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Aparecido en:  El Norte de Castilla
 
Fecha de Publicación: 27/08/2015

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PERSPECTIVAS TERESIANAS. Manuel Diego Sánchez, carmelita
La merced del dardo

   
 

En Alba de Tormes y Ávila se celebra con especial solemnidad una segunda fiesta teresiana además de la tradicional del 15 de octubre, la llamada Transverberación del corazón de Santa teresa. Esto es así desde 1726 y su ocurrencia litúrgica es el 26/27 de agosto. De por sí es muy raro dentro del culto católico que un santo tenga dos celebraciones, como también el que se recuerde un hecho ligado a una gracia mística que repercute en un órgano del cuerpo humano. Un caso parecido lo tenemos con la fiesta de las llagas de San Francisco. En todo caso ya se entiende que aquí el corazón es sólo un símbolo de toda la personalidad de Teresa.

Teresa de Jesús narra lo que ella llamó no la transverberación, sino la ‘merced del dardo’, en su autobiografía (Vida 29, 13-14); y, posteriormente, en una cuenta de conciencia (Sevilla, febrero-marzo 1576, nn 16-17). La descripción que ella hizo connotas muy pláticas tuvo como consecuencia una inteligencia muy literal de esta gracia mística, y una lectura hasta con connotaciones físicas, lo que durante mucho hizo pensar en la huella física existente en la reliquia del corazón extraído o separado del cuerpo a los 10 años de muerta, justo cuando en Alba de Tormes se están haciendo las informaciones para el proceso de beatificación (1592). La Santa nunca da a entender que fuera un fenómeno somático, sino imaginativo y espiritual, aunque por fuera repercutiera el dolor espiritual en la sigué y hasta en el cuerpo. Pero lectores e intérpretes, y hasta la antigua liturgia, se inclinaron siempre por esa lectura literal que daría ocasión a pensar la vida de Teresa como un milagro continuo, puesto que buena parte de ella habría sido un vivir a corazón abierto.

Teresa hablando del corazón herido y abrasado de amor, del dardo, de la herida… no estaba más que sirviéndose (aparte del trasfondo mitológico helenístico ya existente) de un lenguaje simbólico muy tradicional y que, apoyándose en el libro más erótico de la Biblia, el ‘Cantar de los cantares’ (2,5) había entrado en la mística cristiana a través del exégeta alejandrino del siglo III, Orígenes, un autor muy espiritual que, además de la Biblia, encamina la experiencia cristiana por el esquema platónico. Así que no es Teresa la primera escritora mística ni la única en describir esta gracia, ya lo había hecho Orígenes comentando el paso del Cantar bíblico, e interpretándolo con una gran sensibilidad espiritual. Otro autor místico que también la describe es San Juan de la Cruz, éste mucho más cercano a Teresa, de la cual seguramente ha escuchado de viva voz lo sucedido en un determinado momento de su vida espiritual. Para mí gusto es mucho más precisa y exacta, incluso con un lenguaje más adecuado desde el punto de vista teológico y místico la que el santo nos ofrece en ‘Llama de amor viva’ (2,2-4,9.12) puesto que enriquece más todavía la descripción hablando específicamente de fuero de amor divino, que abrasa, transforma; consume…; y é prefiere la palabra llaga, cauterio, a herida para significar la pervivencia de esa llama de amor divino. Dice magistralmente que se produce en la sustancia del alma y la transforma a ésta, y que toda ella está hecha un cauterio de vehemente fuego. Son palabras precisas, esenciales aunque siempre metafóricas, para dar a entender que la persona en estos momentos está totalmente cambiada o transformada en amor divino. Pero no hasta el punto de quedar enajenada o perdida la mente, inactiva, inútil… ¡Tolo lo contario! «La dichosa alma que por grande ventura a este cauterio llega, todo lo sabe, todo lo gusta, todo lo que quiere hace y se prospera, y ninguno prevalece delante de ella, si le toca». Eso es lo que ocurrió en Teresa desde ese momento, que se lanza a las obras más insólitas, que emprende la reforma del Carmelo, que siente pasión por la iglesia y quiere serte útil de alguna manera.

Juan de la Cruz y hasta la misma liturgia actual de la transverberación nos recuerdan eso, que Teresa, transformada desde dentro, lo ama todo de forma distinta, es decir, su corazón late con el mismo amor del Espíritu Santo y, por eso ahora se siente impulsada a realizar las obras que dios le pide a favor de la Iglesia y de la humanidad. Es una mística comprometida social y eclesialmente, cuya trascendencia se nota y va más allá de la propia persona, llega a todos. Y eso sería realmente lo que se quiso dar a entender en forma mística (misteriosa, oculta bajo símbolos) con este fenómeno: el que su vida se movía ahora desde otras instancias y exigencias distintas a las del amor humano. Su personalidad tenía otros motivos que la impulsaban y enriquecían. Y era que estaba totalmente herida de amor por Cristo, por su Iglesia y por la humanidad.

Pero no olvidemos que esta gracia era dinámica, de paso, de camino a momentos todavía más plenos y gratificantes de su experiencia espiritual, como sería años después la llegada de otra gracia mística, el matrimonio espiritual (la merced del clavo) recibida en la Encarnación de Ávila cuando comulgaba de manos de Juan de la Cruz. Era la cumbre de su vida espiritual, el poder decir que ya vivía su vida cristiana unida esponsalmete a Cristo, totalmente entregada a él.

Siempre pienso que el tema de la transverberación en el arte, sin duda el más tratado después de aquella otra tipología de la santa escritora con el libro y la pluma en la mano, nos quiere dar a entender esto, aunque los recursos artísticos parezcan mostrar a una santa totalmente ajena y abstraída de lo mundano (Bernini). Es un lenguaje el del arte que transmite experiencias religiosas profundas y que debemos saber leer tal y como lo ha sabido plasmar el artista, incluso yendo más allá de la idea original. En este caso de el ángel, el dardo, el corazón, la herida, el desvanecimiento… todo quiere indicar que Teresa ahora es una persona distinta; no sólo Teresa de Cepeda y Ahumada, sino Teresa de Jesús, y esto de arriba abajo y de dentro afuera, y también al revés. Toda entera de Jesús y toda nuestra.

   





 
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