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Aparecido en:  El Norte de Castilla
 
Fecha de Publicación: 01/05/2015

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PERSPECTIVAS TERESIANAS, Manuel Diego Sánchez, carmelita

   
 

UN MUSEO PARA TERESA DE JESUS EN SALAMANCA

Años antes del actual centenario teresiano se puso en marcha un proyecto cultural y museístico que cambió por completo la oferta teresiana de la provincia de Salamanca y, más en concreto, de la villa de Alba de Tormes, allí donde Teresa de Jesús fundó un convento (1571) y vino a morir (1582), quedando desde entonces sus restos mortales y su recuerdo unidos a este lugar. Aquel 4 de octubre de 1582 en que Teresa acabó su peregrinar terreno, afirmando proféticamente en el lecho de muerte que «es tiempo de caminar», aquello significó un cambio sustancial para la historia de este lugar que se convirtió así en el santuario teresiano más importante (reconocido como tal por las bulas papales de beatificación y canonización) y meta hacia la que miran y caminan peregrinos de toda Europa y del mundo entero. Salamanca tiene historia y arte suficientes para ser famosa y digna de cualquier visita turística que tenga como objetivo a España, pero además el sepulcro teresiano le añade un plus muy significativo por la pervivencia de esta mujer en la literatura, la historia y la mística. Santa Teresa es una referencia universal, cuyo influjo no decrece, al contrario, va en alza cada vez más y hoy desde puntos de interés insólitos, como puede ser el de la experiencia religiosa, el discurso místico, el humanismo, el feminismo… No es una figura más dentro de la cultura española, incluso repercute en aquella mundial.
En concreto, nos estamos refiriendo al Museo Carmelitano: Teresa de Jesús en Alba que, abierto parcialmente el 28 de marzo de 2012, por fin se incorporó de forma total y definitiva a la cadena de museos de Salamanca el 16 de junio de 2014. Es un conjunto de gran valor artístico por la representación y número de piezas; pero no solo eso, sino también por su significado espiritual dado que las diversas salas se organizan en torno al mismo sepulcro de la Santa, cuya visita ahora resulta mucho más cercana y emotiva, por lo que viene a ser el eje central que da sentido y unifica cuanto aquí se ofrece a la vista y disfrute estético del visitante y peregrino (buscar la página Carmus en internet).
Estamos seguramente ante el mayor museo del mundo dedicado monográficamente a Santa Teresa, puesto que ocupa más de 1000 metros cuadrados, y porque tiene la particularidad de que, además de 6 salas, incluye en su recorrido la iglesia conventual, la celda de la muerte y los dos camarines del sepulcro y reliquias mayores. Un conjunto monumental que ahora viene revalorizado al mostrar aquellos contenidos que son el resultado de la vida de un santuario a través de más de cuatro siglos; y con una particularidad, la de que en tantos objetos y obras de arte podemos percibir la historia de la devoción teresiana (o del teresianismo) del tiempo posterior a su muerte hasta el día de hoy. Y es que las religiosas carmelitas que han custodiado este lugar de forma ininterrumpidamente desde el siglo XVI, han tenido el cuidado y cariño de no desperdigar o enajenar lo que con destino al culto, o como exvoto y signo de devoción, le ha sido ofrecido a Santa teresa. Por lo tanto, no es un museo para conocer la biografía y la personalidad de la fundadora, la escritora y la mística, sino más bien para entender la posteridad teresiana, el cómo ha pervivido y llegado hasta nosotros a través de la peregrinación, la religiosidad, la devoción popular y el arte. Es una forma singular de acercarse a ella y darse cuenta de lo que significa Teresa dentro y fuera de España. Entrar en este museo teresiano y pasearse por sus salas es tener la posibilidad única de contemplar la huella de Teresa en el tiempo con lo consiguiente resultado que pervive en Alba de Tormes: estandartes de las peregrinaciones, regalos de papas y de reyes, una colección magnificas de cobres, una selecta pinacoteca, esa amplia selección de orfebrería religiosa suntuaria, aquella otra relativa al culto, al adorno religioso para la imagen procesional y las reliquias teresiana; no menos importante es la sala de los ornamentos litúrgicos, aunque ésta limitada sólo a aquellos de color blanco que se usaban dentro de las celebraciones teresianas; no menos importante y lograda me paree la sala del trabajo en el Carmelo con piezas procedentes de la cocina, sacristía, lavandería, tejido y planchado, enfermería, refectorio, y que te trae a la mente aquel famoso dicho teresiano de que también ‘entre los pucheros anda el señor’ (Fundaciones 5,8).
Y lo que más llama la atención de esta visita es la dimensión universal que presenta en su muestrario debido a la procedencia de tantos objetos: España, Italia, Francia, Bélgica; Alemania, Japón, Filipinas, México, Polonia… Es bien explicita la vocación universal de Santa Teresa. Esta visita que debe estar acompañada del encuentro respetuoso con los restos mortales en su sepulcro y la recoleta celda de la muerte, y con la visión de aquellas reliquias insignes del corazón y brazo izquierdo que son expresión de la religiosidad barroca, te deja una sensación agradable, la de haber entrado en el mundo cordial de Teresa de Jesús y de su Carmelo. Pero también uno queda convencido del rico patrimonio histórico y cultural que poseen las clausuras femeninas castellanas y que ahora, con tanto acierto, ponen a disposición de todos.
Alba de Tormes bien merece una visita tranquila y atenta para percibir el arte y el buen gusto y hasta el perfume histórico y espiritual que llega hasta nosotros de esta mujer incomparable. Esto quiere decir que el mundo de Teresa nos sigue fascinando y llamando la atención.

   





 
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