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Aparecido en:  El Norte de Castilla
 
Fecha de Publicación: 08/05/2015

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PERSPECTIVAS TERESIANAS. Manuel Diego Sánchez, carmelita.

   
 

PARA LA HISTORIA Y LA DEVOCIÓN, TERESA DE JESÚS NACE EN SALAMANCA

En pleno V centenario del Nacimiento de Santa Teresa convendría recordar el soneto de Cervantes («Aunque naciste en Ávila, se puede / decir que en Alba fue donde naciste…») y extender la consideración a ese otro tipo de nacimiento que hizo posible la entrada de Teresa en la historia, la literatura, la santidad católica y la religiosidad popular. Porque fue esta tarea la que realmente construyó esa imagen de Teresa que trascendió el lugar de Ávila y la circunscripción temporal del siglo XVI. Y ahí está la contribución de Salamanca a ese segundo nacimiento, que fue muy notable, puesto que hizo posible el que ingresara en la cultura mundial y en la mística universal.
Justo a los 6 años de su muerte (1588) y por encargo de la familia carmelitana, el catedrático fr. Luis de León publica en la imprenta salmantina de Guillermo Foquel la primera edición de sus obras (excepto ‘Fundaciones’ y el epistolario). Es la edición príncipe a la que el humanista salmantino hizo preceder de una dedicatoria y prólogo que es el primer tratado de crítica literaria en torno a Santa Teresa. Fray Luis luego quiso también escribir la biografía teresiana, pero a causa de la muerte apenas la dejó comenzada.
Sería el jesuita y también catedrático Francisco de Ribera quien publica la primera biografía teresiana en la imprenta salmantina de Pedro Lasso (1590). Todavía hoy, aun con los condicionantes propios de la hagiografía barroca, ésta resulta ser una extensa y magnífica vida fruto de una búsqueda intensa de datos y fuentes, y que servirá como modelo a seguir (en temas y distribución de materia) para los intentos biográficos posteriores. Ribera tuvo a su disposición un material de primera mano, algunos documentos sólo conocidos por él, por lo que esta primera vida teresiana sigue siendo una fuente histórica imprescindible.
En Salamanca y Alba de Tormes el obispo Jerónimo Manrique comenzó las informaciones del proceso de beatificación en octubre de 1591 (no se habían cumplido aún los 10 años de la muerte), una decisión que tuvo enorme trascendencia y que por la proximidad al tiempo de la todavía madre Teresa, tuvo la ventaja de poder contar con testimonios de familia (el cuñado Juan de Ovalle y la sobrina Beatriz de Jesús Ovalle), y de personajes importantes de la sociedad y de la Universidad salmantina, además de las monjas carmelitas de Salamanca y Alba de Tormes.
Destacan las declaraciones de Domingo Báñez, Francisco de Ribera; del médico Francisco Ramírez de Alba de Tormes. En años sucesivos, y ya de forma canónica, por mandato del nuncio y de Roma, seguirán otros procesos en otras ciudades de España y en los que hablan personajes muy cercanos al tiempo y a la vida de la Madre. Pero lo que queremos resaltar es que el camino de la glorificación, que fue la puerta mejor de Teresa hacia la Europa cristiana, ocurre también en Salamanca, no en Ávila que hasta julio de 1595, y ya por mandato del Nuncio Gaetano, no se movería en este mismo sentido. La rapidez y el interés personal de aquel obispo salmantino dio su fruto.
Pero no menos importante fue la salida a Europa del Carmelo Teresiano femenino que, no tardando mucho (octubre de 1605), se pondrá en marcha gracias al valor y osadía de algunas monjas compañeras e íntimas de Santa Teresa, entre las que destacan Ana de Jesús Lobera (1545-1621), profesa y priora de Salamanca, y Ana de San Bartolomé (1549-1626), la enfermera en cuyos brazos murió Teresa en Alba de Tormes. Nada menos que el famoso Pierre de Bérulle (1575-1629), luego cardenal y fundador del Oratorio francés, Juan de Bretigny (1556-1634) y otros personajes importantes de la sociedad francesa vinieron en búsqueda de las candidatas, y así pasaron por todas las fundaciones teresianas. De todo el grupo de monjas (6 fundadoras) que, aun en contra de los superiores carmelitas españoles, marchó a Francia con un espíritu y ánimo grandes, hasta el punto de que pensaban en la posibilidad de sufrir el martirio entre protestantes, sobresalen las tres procedentes del Carmelo salmantino; la más destacada de ellas, fue Ana de Jesús Lobera que iba como la responsable principal de todas, pero hay que mencionar a otras dos monjas profesas de aquí: Beatriz de la Concepción (1569-1646) e Isabel de los Ángeles (1565-1644), que se incorporaron a la misma empresa fundacional y que ambas dejaban otra hermana monja en el mismo convento. O sea, que del Carmelo de Salamanca (hoy en Cabrerizos) salieron tres monjas, por lo que dentro del grupo se las conocía como «las de Salamanca». Pues de esta epopeya espiritual que comienza en agosto de 1605, cuando se ponen en camino hacia Francia, y no tardando mucho algunas de ellas pasarán a Flandes, nos ha quedado una documentación preciosa. Sobre todo hay que reseñar los epistolarios de Beatriz e Isabel con su propio Carmelo de Origen, que hoy están ya debidamente publicados. Lo que teólogos, polemistas, predicadores y militares hacían entonces para contrarrestar la presencia protestante en Centroeuropa, las hijas de Santa teresa lo lograron a través de la contemplación, de la difusión de la doctrina teresiano-sanjuanista y desde la promoción de una nueva mística católica. A través de ellas, Teresa y Juan de la cruz entraron en Europa, pero también gracias a la traducción de su pensamiento y al peso doctrinal de personajes como Bérulle, Francisco de Sales, Vicente de Paul, etc., muy ligados a este proyecto carmelitano. Así fue como lo mejor de la espiritualidad francesa entró en contacto con la mística carmelitano-teresiana (la política iba por otros caminos) y se produjeron frutos muy notables de este encuentro espiritual. Con razón se llama a este siglo francés, por el peso que tuvo en él lo carmelitano, como el siglo de la invasión mística.
Estos cuatro botones de muestra sirvan para entender este fenómeno de la salida de Santa Teresa a Europa que de alguna manera se propició desde Salamanca.

   





 
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