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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 16/05/2008

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SUCESOS
El conductor de Canalejas alega que no vio a nadie y que sufrió un “bajón físico”

   
 

Homicidio imprudente. La fiscal mantiene la solicitud de tres años de prisión e indemnizaciones para los familiares. No era consciente de los hechos. Descarta el delito de omisión del auxilio.
El funcionario de la prisión de Topas de 37 años, M. A. F. S., acusado de atropellar mortalmente en la madrugada del 12 de marzo de 2006 a la joven de 21 años Joana Briz, manifestó ayer ante la magistrada del Juzgado de lo Penal número 2 que no vio “absolutamente a nadie” sobre el paso de peatones en el que se produjo el accidente.
El imputado explicó que sufrió un “pequeño bajón físico” cuando entró en la plaza de España para dirigirse a su hogar de la calle El Mariquelo, en las inmediaciones del camino de las Aguas. El conductor relató ante el Tribunal que no recordaba si el semáforo de Canalejas, ubicado frente al parque de La Alamedilla, estaba abierto y repitió en varias ocasiones que se encontraba “muy cansado” tras haber estado trabajando durante todo el día en Topas.
El accidente se produjo sobre las 05.40 horas cuando el acusado se dirigía a su domicilio tras pedir una copa, “que no terminé”, en el bar Camelot, en la calle Bordadores, en el centro de la ciudad. Antes, admitió haber estado entre la una y las cinco de la madrugada en el Casino, donde bebió dos cervezas, y en otro bar, a primera hora de la noche, “para ver un partido del Real Madrid que ya estaba empezado”. En ese establecimiento, el funcionario de prisiones confesó que había ingerido un par más de cervezas. A pesar de la ingesta, señaló que se encontraba “en condiciones de conducir”. Del momento del atropello, el acusado se limitó a descartar que hubiera frenado sobre el paso de peatones y explicó que los daños que presentaba su turismo, un Citroën C-4, pensó entonces que se debían a que “alguien me había tirado una piedra o un contenedor”.
Cristal destrozado
El conductor negó que tras atravesar el paso de peatones mirara hacia atrás e insistió en que en ningún momento “pensé que había atropellado a una persona, sino que me habían lanzado algo al coche”. El vehículo prosiguió la marcha hasta el paseo de San Antonio, donde el acusado sí reconoció haber parado, a la altura del Milagro de San José, para comprobar sobre el asfalto los desperfectos que presentaba el cristal delantero del turismo, que tenía, además, levantado el capó. Antes, había colisionado contra dos coches estacionados. El funcionario de Topas respondió a la magistrada que “hacía mucho tiempo que no dormía bien”, que había pasado por problemas familiares con la hospitalización reciente de su madre, y que reaccionó cuando superó el paso de peatones de Canalejas. “Me empezaron a doler los oídos y la cabeza tras el golpe”, argumentó, por su parte, a la fiscal, tras superar un momento de ensoñamiento y flaqueza física.
Las explicaciones del acusado no modificaron la solicitud del Ministerio Fiscal de tres años de prisión por un delito de homicidio imprudente. “Ni siquiera se enteró del atropello porque momentáneamente se quedó dormido a los mandos de su vehículo”, expuso la fiscal, que mantiene la petición de retirada del permiso de conducir por un plazo de seis años y la reclamación de indemnizaciones para todos los familiares cercanos de Joana Briz: 10.000 euros para su madre; 16.102 euros para su hermana gemela, que estaba presente en el momento del atropello; 7.500 euros para sus otros dos hermanos y 6.000 euros para su novio, con el que llevaba saliendo dos años. El Ministerio Fiscal retiró, en cambio, su solicitud de una pena de dos años y medio por un delito de omisión al auxilio a la víctima, cuyo cuerpo fue desplazado 36 metros. La fiscal estima que no fue consciente del atropello, por lo que no paró. El acusado se dirigió a la familia de Joana para pedirles perdón en su última declaración. “Lo siento muchísimo. Nunca fue mi intención. Lo siento muchísimo”.
Las dos acompañantes de la fallecida insisten en que el semáforo estaba en verde
Joana no estaba sola cuando fue arrollada por el turismo del funcionario de Topas. Junto con ella, se encontraba su hermana gemela, Carmen, y una amiga de ambas, Estíbaliz. El accidente ocurrió, según el testimonio de sus dos acompañantes, cuando procedieron a cruzar la calzada con el semáforo en verde para los peatones para coger el coche y volver a casa. Las tres habían salido esa noche para acudir al cumpleaños de una amiga. Unos pasos delante de Carmen y Estíbaliz caminaba Joana, ya cerca de la mediana.
“Giré la cabeza a la izquierda y vi los dos focos de un vehículo que se aproximaba, pero sólo me dio tiempo a retirar de la carretera a Carmen”, comentó al Tribunal la amiga de las dos hermanas. Las dos jóvenes que resultaron ilesas, el impacto del turismo se centró sólo en el cuerpo de Joana, descartaron ante la magistrado que hubieran escuchado los chirridos de los frenos del turismo del acusado. El atestado de la Policía Local incidía, no obstante, en la aparición desde el paso de peatones de la huella de un frenazo de catorce metros de longitud, si bien esta marca estaba rodeada de otras de menor intensidad. Tanto el conductor del Citröen C-4 como los testigos del atropello descartaron que el vehículo del acusado frenara tras el accidente.
DECLARACIONES
La defensa argumenta errores en los procedimientos de las dos pruebas de alcoholemia efectuadas.
El conductor del atropello del paseo de Canalejas estaba bajo los efectos del alcohol. Las dos pruebas de alcoholemia efectuadas tras su detención en Comisaría reflejaron un resultado idéntico 0.74 gramos por litro de aire espirado. Una coincidencia que levantó las sospechas de la defensa. Los forenses, no obstante, además de certificar que el fallecimiento de Joana Briz se produjo por un “politraumatismo con traumatismo cervical”, insistieron en las dificultades de confirmar si el conductor se encontraba en la fase de meseta de la absorción del alcohol. Los agentes de la Policía Local que estuvieron presentes en el test insistieron en que en todo momento informaron al conductor de sus derechos, y confirmaron su estado de embriaguez. “Tenía la mirada perdida, mezclaba ideas y hablaba excesivamente despacio. Parecía como si estuviera en otro mundo”. Los agentes aseguraron ante la juez que la detención se efectuó después de conocer el fallecimiento de la joven, cuando ya estaban en el domicilio del acusado y sin una actitud agresiva del mismo. “Sólo nos pidió fumar, mientras se preguntaba varias veces: pero, ¿qué he hecho?”.
Prueba sobre la sincronización de las luces semafóricas a ambos lados del lugar del siniestro.
Aunque la hermana gemela de Joana Briz y su amiga constataron que cruzaron el semáforo sólo cuando estaba en verde después de esperar sobre la acera, la defensa incluyó en el juicio un estudio sobre la regulación semafórica de la zona. El informe demuestra la existencia, al mismo tiempo, de luz roja en Canalejas para los turismos que se dirijan al paseo de la Estación y verde para los procedentes de la Avenida de Mirat, como el caso del conductor que arrolló a la joven de Alba de Tormes. Una situación que impide el paso de los peatones. Mientras, la familia de Joana recibió en todo momento el apoyo de un gran número de vecinos que se desplazaron hasta los juzgados de Colón para asistir al juicio. “No podía dormir, me pasaba todo el día llorando, pensando en ella”, declaró ante la juez la madre, quien ha recibido ayuda psicológica, al igual que sus hermanos, para superar la pérdida de su hija.

   





 
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