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Aparecido en:  El Adelanto
 
Fecha de Publicación: 02/01/2008

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El abandono y la desidia amenazan la supervivencia de las estaciones de tren

   
 

Buena parte de los inmuebles ferroviarios de la provincia es pasto de la incuria
Los tiempos áureos del ferrocarril dejaron su huella en cada pueblo
Cuando el ferrocarril vivía sus tiempos de máximo esplendor en la provincia seis líneas enlazaban puntos estratégicos de la geografía nacional e internacional con Salamanca. Fuente de San Esteban-Barca D'Alva, Salamanca-Fuentes de Oñoro, la línea que unía la capital con Medina del Campo, la que enlazaba Salamanca con Ávila por Peñaranda de Bracamonte y el recorrido que seguía la ruta ferroviaria de La Plata -de Béjar a Salamanca y de aquí a Zamora-.
Del trasiego de trenes, cada vez menor, dejan constancia las estaciones y apeaderos levantados antaño en numerosos municipios, muchos de los cuales han sido pasto del olvido, otros que a duras penas mantienen su actividad y otros de los que no queda casi ni el recuerdo.
"¡¡Devolvednos el tren!! ¡coño!". Una vieja pintada, junto a otra con la misma letra que la firman los quintos del 87, recuerda a los albenses la pérdida de la línea férrea Ruta de la Plata, efectiva desde el 1 de enero de 1985. Ese día se perdió la comunicación ferroviaria norte-sur en toda la provincia, lo que dejó a Alba de Tormes únicamente comunicada con la capital a través de la carretera de titularidad autonómica CL-512. Más de veinte años después, las dos estaciones por las que transcurría el tren en las Tierras de Alba, la de la capital comarcal y la de La Maya, presentan imágenes muy diferentes. La primera está muy deteriorada, con agujeros en las paredes; la segunda luce encalada y con las ventanas pintadas de un brillante verde, eso sí, chapadas.
De Puerto de Béjar a Valdunciel
La estación de Alba ha dejado de ver pasar trenes, pero no así pasajeros. Durante un tiempo estuvo ocupada por una familia de etnia gitana, según recuerdan en la villa. Por allí también pasan visitantes cariñosos de vez en cuando, porque un viejo somier aguanta en el recibidor del edificio de pasajeros. Y vándalos, que dejaron sus firmas en las agrietadas paredes. La estación ha envejecido rápidamente, expide un olor nauseabundo, casi a muerto, quizá porque también ha padecido un incendio que ha ennegrecido algunas de sus tabiques.
Su hermana de La Maya (ambas son hijas de la estética desarrollista de los cincuenta que impuso el modelo de estación blanca de ladrillo de dos plantas y techada con tejas) se conserva en un envidiable estado. La cal brilla al sol y las ventanas verdes están selladas, para evitar tentaciones de hacer el salvaje en su interior. La vegetación, eso sí, ha tomado posesión de los alrededores, como lo ha hecho de las vías que las unen.
De la de Arapiles, en la actualidad, tan sólo quedan restos de su plataforma. Según explica el alcalde, Blas Jiménez, el inmueble y cinco viviendas para ferroviarios que se encontraban en su entorno fueron derribados a principios de la década de 1990 a instancias del Ayuntamiento. "El edificio se había convertido en un foco de drogadicción. Renfe tapió puertas y ventanas, pero los gamberros abrieron agujeros para entrar en la estación", explica Jiménez.
Próximamente, dentro del proyecto de recuperación turística del campo de batalla de Los Arapiles, el Consistorio tiene previsto habilitar un aparcamiento para autobuses y turismos en la zona que ocupaba la antigua estación.
Otra de las estaciones que ha sufrido los rigores del cierre del ferrocarril de la Ruta de la Plata es la de Valdunciel. Desde que dejó de dar servicios a los viajeros, las instalaciones se han utilizado para diversos fines, como reuniones de asociaciones y diferentes actos. En la actualidad, se conserva en régimen de alquiler para uso de algunos particulares, que así evitan, en la medida de lo posible, la ruina del edificio.
Rutas hacia Portugal
Los tiempos áureos del ferrocarril dejaron su impronta en el levantamiento de estaciones en cada pueblo, por muy pequeño que fuera, incluso se crearon apeaderos en fincas particulares, caso de Hincapié o El Collado, favoreciendo intereses de los propietarios.
De aquella red ahora se mantienen con vida un racimo de estaciones que funcionan parcialmente, salvo la excepción de Fuentes de Oñoro, que cuenta con un mayor trasiego, y la de Ciudad Rodrigo, rehabilitada hace unos años pero que ha ido perdiendo enteros por la disminución del transporte de viajeros. Asimismo, de forma parcial, también funciona la estación de La Fuente de San Esteban, cuyas instalaciones en desuso han sido solicitadas a Renfe por el Ayuntamiento, aunque de momento éste no ha encontrado respuesta.
Del resto, la gran mayoría son esqueletos en los que de vez en cuando algún tren se detiene por motivos logísticos. Incluso, la mayor parte de los apeaderos fueron destruidos por la propia Renfe hace unos años, evitando de esa forma problemas añadidos de seguridad y mantenimiento.
Las estructuras de las estaciones son evidentes en la mayor parte de los pueblos que cruza la línea férrea desde Fuentes de Oñoro hasta La Fuente de San Esteban, en donde destacan Sancti Spíritus y Martín de Yeltes, que conservan en buena parte sus antiguas referencias. Pero otras están abandonadas, cediendo sus esqueletos por el desuso y la inoperancia.
En este apartado se pueden incluir todas las estaciones de la comarca mirobrigense afectadas por el antiguo ferrocarril de La Fuente de San Esteban a Barca d´Alva, caso de Boada o Villares de Yeltes.

   





 
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