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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 23/12/2007

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Mitos y leyendas de Salamanca
El manantial de Santa Teresa

   
 

Un misterioso joven con una antorcha guió a la doctora Universal tras perderse con varias carmelitas de regreso a la villa
La provincia de Salamanca es pródiga en personajes ilustres cuyo transcurrir por este mundo de sonrisas y lágrimas se ha forjado también entre el misterio y la leyenda. Es la otra historia de los grandes nombres que perdurarán en la memoria por los siglos de los siglos, la intrahistoria que denominaba el genial Don Miguel de Unamuno, la historia en minúsculas, la del ser humano de carne y hueso, con sus angustias y problemas, con el sentido trágico de su existencia. Es el caso de Santa Teresa de Jesús, Doctora Universal de la Iglesia y Patrona de la villa ducal de Alba de Tormes, protagonista del capítulo de hoy de esta serie dominical sobre los mitos del territorio charro transmitidos de generación en generación.
Cuenta la leyenda que en una ocasión, Santa Teresa se dirigió hacia Salamanca acompañada por otras Madres Carmelitas. Después de una intensa jornada matutina, y a pesar de los ofrecimientos para alojarse en la capital del Tormes, decidió que prefería regresar a su amada villa para descansar allí con sus hermanas. Así, prestas se dispusieron a comenzar el camino por la Vía de la Plata, una senda que según aseguran muchos expertos encierra en sus entrañas un tinte mágico gracias a las energías telúricas que la recorren. Acostumbrada a caminar, Santa Teresa confiaba en su fuerza de voluntad para llegar a tiempo al convento. Prueba de este espíritu inquebrantable fue su último viaje terrenal desde Medina del Campo hasta Alba de Tormes, días antes de morir el 4 de octubre de 1582, viaje a pie que desde hace más de un cuarto de siglo rememoran fielmente los albenses bajo la denominación de la Marcha Teresiana.
Pero el reino de la oscuridad se adueñó del campo charro y envolvió a la Santa Andariega junto a las Madres Carmelitas que le acompañaban. Comenzó a llover como si el cielo se fuera a caer sobre sus cabezas. Una tormenta en forma de diluvio las empapaba por completo. Casi no veían la senda. A pesar de su sentido de la orientación, se perdieron. ¿Qué hacemos ahora?, se preguntaban unas a otras mientras la Doctora Universal permanecía inmóvil con la mirada fija hacia el horizonte. ¿Qué hacemos ahora?, repetían sin cesar las Hermanas Carmelitas. Pero Santa Teresa continuaba cual estatua de oro con la vista muy fija. El fantasma de la angustia comenzaba a adueñarse de espíritus que hasta el momento habían permanecido inquebrantables en su trayecto entre acogedoras encinas. Ahora bien, no dejaban de preguntarse en sus mentes: ¿Qué miraba la Patrona de la villa ducal?
De repente, a lo lejos, surgió de entre la nada una tenue luz que bailaba al son de la serpenteante lluvia. ¡Hacia allí!, indicó Santa Teresa, y raudas se dirigieron rumbo al faro salvador. Al llegar al lugar, se sorprendieron de ver a un joven con una antorcha, misteriosamente apostado sobre la senda que conducía de regreso a Alba de Tormes. Paró de llover y se congratularon por ello. Al darse la vuelta para agradecer al joven su oportuna y salvadora antorcha, había desaparecido. En su lugar había un manantial donde apagaron su sed, repusieron fuerzas y lograron regresar sin mayores problemas a la villa ducal. Nunca jamás volvieron a saber de él y en sus memorias quedó la imagen de quien consideraron un ángel celestial, un halo de luz en una noche de tormenta y oscuridad infernal.
Cuentan los más viejos del lugar que, en agradecimiento al joven de la antorcha, se construyó una fuente con la imagen de Santa Teresa en el lugar exacto donde se produjo el milagro. Desde entonces, miles de peregrinos han pasado por este paraje adecentado también con un pequeño merendero junto a la carretera que hoy enlaza Salamanca con Alba de Tormes. Sobre la fuente se ha colocado unapequeña hornacina con una pequeña imagen de la Doctora Universal donde siempre hay velas encendidas. Y debajo, una inscripción que reza: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”. Palabra de Santa Teresa.
Sin embargo, ironías del destino, la fuente que en su día fue milagrosa para la Patrona de Alba de Tormes, agua que antaño incluso curaba a muchos enfermos, actualmente alberga apostado un letrero que dice bien claro: “Agua no potable”.

   





 
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