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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 20/10/2007

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SUPLEMENTO DE TOROS
En Espino, velando armas

   
 

Llegamos a Espino Rapado al filo del mediodía, en el escenario de una magnífica jornada dominada por el sol y una excelente temperatura en medio de este otoño de soñar. Allí, en la finca, donde se respira paz y tranquilidad, apenas hay movimiento, por lo que llamamos a la casa. Enseguida sale una señora quien tras saludar nos dice que los dos Capea, el padre y el hijo, llegarán enseguida. Que están ausentes porque tuvieron que salir a otra de las fincas que poseen en la zona y que les esperamos, que regresan rápidamente.
Hacemos tiempo en el exterior de la casa, sentados en unos morriles que son una obra de arte de la cantería rural. Mientras observamos el pantano, completamente lleno de agua y donde aletean varios patos azulones. También el campo, que es un delicia presenciarlo desde el privilegiado teso de la casa, donde al fondo, en los prados se ve mucho ganado de las distintas divisas de esta familia ganadera. En ellos estamos, disfrutando de ese paraíso cuando llegan los protagonistas, a quienes acompaña el novillero sevillano Antonio Nazaré, muy amigo de los Capea.
Se bajan del ‘todoterreno’ y acudimos al encuentro. A ambos se les ve felices, contentos, sintiéndose protagonistas de la jornada. Distintos y especiales, porque se miran con el afecto de un padre a un hijo. O del orgullo que siente el progenitor hacía su vástago; también se miran con la pasión de dos toreros rivales, como lo van a ser esta tarde donde –afirman– cada cual saldrá a ganar su guerra. Entonces, el Capea (padre) le recuerda lo que dijo el otro día su amigo y compañero de tantas tardes Ruiz Miguel en la televisión andaluza: “Mira que dijo, que como el viejo saque la casta te pego el repaso”. Pedro (el hijo) observa y sonríe, luego pierde la mirada como pensando en sus adentros “habrá que ver”.
El viejo Capea está feliz. No lo puede ocultar. Se le nota y es consciente de que va a escribir otro capítulo histórico en el libro de la Fiesta. Otro más de los varios que él ha protagonizado, “desde que empecé a entrenar estoy con una gran ilusión y me ha rejuvenecido muchos años, me ha recordado cuando me preparaba para los grandes acontecimientos”.
La de hoy también tendrá esa categoría. Cuando paseamos con el maestro y su hijo, suena su teléfono. Es su amigo, el gran aficionado y hombre emprendedor Agustín Martínez Bueno, quien acaba de llegar a Salamanca en un autobús junto a una treintena de bilbaínos. Se trata de gente que vio crecer a Pedro en Vista Alegre desde que debutó sin picadores en esa plaza, donde dejó tanta impronta hasta que fue una gran figura del toreo, manteniendo siempre el máximo cartel sobre sus arenas negras, «esta tarde los veré, pero me vendré enseguida porque no puedo coger ni una caloría». Después comentamos el ambiente que va a haber hoy en Alba, «viene muchísima gente de fuera, estará Dámaso González, Curro Vázquez. Iba a estar también Esplá, pero anoche me llamó para decir que tiene el entierro de un consuegro. Habrá gente hasta de Ginebra (Suiza), de Portugal, amigos de Málaga, de Francia, también de México. Por otro lado estarán bastantes periodistas como Julio César Iglesias, Barquerito, Alejo García... Y porque ha coincidido con la boda del Juli, si no hubiera sido tremendo el ambientazo que íbamos a tener”, señala El Capea (padre).
A Perico, el hijo se le ve feliz y muy compenetrado con su padre, en la complicidad los dos de la gran tarde que les espera. Será el día que ponga fin a su temporada, pero “sobre todo el día más feliz de mi vida, creo que solamente por lo que voy a vivir mañana (por hoy) merece la pena ser torero”. Después los dos bromean y espantan fantasmas diciendo que “ya verás como te eche mano y me tenga que quedar con los seis no te lo perdono”. Así pasaron el día de reflexión, velando armas en la paz de Espino Rapado, para escribir un día histórico.
Fino como un junco
El viejo Capea está fino como un junco, con cintura juvenil, la cara “afilada” y el mismo tipo de su época. Ahí está la profesionalidad que tiene y el amor al toreo, “un torero tiene que serlo hasta para torear una vaca en el campo”. Porque desde que anunció su vuelta para este día no ha parado de entrenar, de vivir en torero y de ponerse otra vez en forma “los primeros días fueron muy duros, pero pronto me empecé a animar”.
México
Cuando se acabe todo el ajetreo y como descanso vacacional, dentro de unas fechas marcharán a México, tan querido para ellos donde están tan vinculados y donde el Niño de la Capea marcó una página de oro en su carrera. “Solíamos ir todos los años, pero llevábamos dos sin viajar y hace especial ilusión. Por eso, en esta ocasión no haré ningún safari, porque me encanta la caza. Fíjate, el año pasado fui a Turquía, donde pasé una experiencia inolvidable”. Dice Capea (hijo).
TORERÍAS. PACO CAÑAMERO
El toro es quien de verdad manda
Ahora sólo falta que todo salga bien. Que los engranajes funcionen correctamente y la corrida salga como se ha planteado y tenga la finalidad esperada. De todas formas, ahora, el toro es quien va a dirigir la batuta de la corrida, los demás –los Capeas- ponen arte, raza, torería, amor propio…, pero quien va a ser el responsable de que todo salga bien, como todo el mundo desea, es el toro. Ese manda.
No es la primera vez que torean juntos de luces. Ya lo hicieron en México, en la confirmación de la alternativa del menor, pero ésta será diferente, pues nunca hubo un padre y un hijo. Por eso tiene categoría de acontecimiento, también por ver a una figura de época otra vez en la plaza, junto a un hijo que lucha para que el nombre dinástico que tanta gloria llevó al progenitor tenga continuidad en la misma línea de éxitos.
Todos esos alicientes son los culpables del gran ambiente que se avecina para esta tarde en la villa teresiana, pero donde hace falta que el toro embista, tenga fuerza y propicien una gran tarde de toros. Por eso, ya mismo me voy corriendo a Alba. A guardar sitio.

   





 
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