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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 28/08/2007

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Miles de albenses siguen a Santa Teresa el día de la Transverberación.

   
 

Gran devoción. Los vecinos sienten una profunda pasión por su Patrona, algo que quedó demostrado en el transcurso de la procesión. Historia de la fiesta. La estableció Benedicto XIII en el año 1726
Miles de vecinos de Alba de Tormes, como todos los años, salieron ayer de sus casas, pues se trataba del día de honrar a su Patrona, Santa Teresa, por la cual los albenses sienten una gran devoción hacia Ella, tanta como la propia Santa sentía hacia Dios y que le produjo sus tan famosos éxtasis. Lo cierto es que no hay una localidad que venere a Santa Teresa como Alba de Tormes, quizás porque la mayoría de sus restos y su sepulcro se conservan en la villa ducal.
Así, con una apacible mañana que acompañó toda la jornada a las 11.00 comenzó la eucaristía solemne que inicia la tradición del último día de festejos en las fiestas de la Transverberación. Con la iglesia a rebosar, incluso se contaban por cientos los vecinos que estaban fuera de la misma, la emoción y la devoción que se sentía en el ambiente formaban un instante único, difícil de explicar pero lleno de emotividad. No obstante, la imagen no salió en procesión hasta la tarde, tras el rosario y el triduo en una eucaristía en la que Miguel Gutiérrez Portero actuó como predicador. Tras la celebración del acto llegó el momento más esperado por todos, la salida de la imagen de Santa teresa de la iglesia y su posterior procesión por las calles de Alba de Tormes. Se contaban por miles los fieles que acompañaron a la Santa en su recorrido. Muchos de ellos, cuya fe en la Patrona es ciega, rogaban pidiéndole buena salud a sus respectivas familias y amigos. Así, tras un paseo que recorrió las calles albenses, la imagen volvió a la clausura hasta octubre.
Según los teólogos, la Transverberación es una gracia espiritual especial por la que la persona que la recibe, llena de amor divino, tiene el corazón traspasado por una espada pero en lugar de sentir dolor siente el amor de Dios en su cuerpo. Esto fue lo que le pasó a Santa Teresa dejando constancia de ello en sus propios escritos, “vi a un ángel delante de mí hacia el lado izquierdo en forma corporal.. No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al final del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios.
En estos éxtasis se manifestaban la grandeza y la bondad de Dios el exceso de su amor y la dulzura de su servicio en fama sensible, y el alma de Teresa lo comprendía con claridad, aunque era incapaz de expresarlo. El deseo del cielo que dejaban las visiones en su almo era inefable. “Desde entonces dejé de tener miedo al a muerte, cosa que antes me atormentaba mucho”.
Para perpetuar la memoria de dicha misteriosa herida, el Papa Benedicto XIII estableció en 1726 la fiesta de la Transverberación del corazón de Santa Teresa. Su corazón está también expuesto para ser venerado por los creyentes. Ella fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622 por el Papa Gregorio XV.
Miguel Gutíerrez Portero fue el predicador en la eucaristía de la tarde

EN DETALLE
Éxtasis teresiano.
En algunos de los éxtasis, de los que la Santa dejó una descripción detallada, se elevaba un metro. Después de que tuviese aquellas visiones fue cuando escribió su más famosa y bella poesía, la cual dice: "Tan alta vida espero que muero porque no muero"

   





 
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