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Aparecido en:  El Adelanto
 
Fecha de Publicación: 27/07/2007

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Luis Hernández. PADRE CARMELITA
“Creo que el futuro de un país está en la formación de sus gentes”

   
 

Luis Hernández ha pasado 33 años de su vida en El Congo, ahora está afincado en Alba de Tormes y ha creado unas becas para ayudar a que los niños de este lugar puedan estudiar.
El padre Luis es todo un ejemplo de vitalidad y ganas de ayudar a los demás. Después de haber pasado 33 años en El Congo, donde ha visto muchas cosas y ha experimentado multitud de sensaciones, a sus 70 años todavía le queda la fuerza suficiente para regresar al lugar que tiene grabado en el corazón.
Tiene pensado regresar en septiembre al Congo, ¿qué le impulsa a volver al lugar que dejó en 1999?
Quiero saludar a la gente. Allí tengo muchos amigos. Deseo dar una alegría y recibir una alegría. También me encantaría ver cómo van las cosas. La gente del pueblo era fenomenal.
¿Qué motivos le impulsaron hace ocho años, a abandonar El Congo?
En principio volví a España por enfermedad, pero tengo que confesar que también se me acabó la gasolina, me entró el miedo. Después de tantos peligros, de tantas amenazas, se me encendió la luz roja.
¿Y ahora no tiene miedo?
Por aquella zona todavía no están las cosas calmadas pero no creo que ahora me hagan nada. Además, África tiene un virus que te hace querer regresar de nuevo.
Me imagino que las cosas no serían sencillas allí, ¿en qué circunstancias estaban?
Pues mira, teníamos un centro de refugiados a 5 km. con alrededor de 300.000 personas. La situación era terrible. Había que ir a buscar agua a un lago con 400 cadáveres, incluso cadáveres de madres con su hijo todavía en la espalda. A pesar de todo, las puertas de nuestra casa estaban siempre abiertas.
Supongo que habrá vivido situaciones muy terribles.
Sí, por ejemplo viví el genocidio de Ruanda del 94. En aquella ocasión tuve que venir a España a pedir ayuda y la verdad es que la gente se portó muy bien. Recuerdo algo tan atroz como que a muchos de los que apresaban, los metían en neumáticos y les prendían fuego, eran auténticas antorchas humanas. Algunos religiosos también fallecieron, me acuerdo de que mataron a cuatro hermanos Maristas.
A pesar de todos estos episodios oscuros, algunos tuvieron mejor suerte, su ayuda ha sido fundamental en muchas ocasiones ¿recuerda alguna?
Yo fui Cónsul Honorario en Goma (República Democrática del Congo) en la frontera con Ruanda. En aquel momento secuestraron a dos monjas. Gracias a mis llamadas a España y a la ayuda de un periodista, mandaron a un diplomático de de Bruselas que logró que unos soldados nos ayudasen. Nosotros les prestamos dos furgonetas y las hermanas lograron ser liberadas.
El peligro ha estado siempre presente en todos esos años.
Sí, por ejemplo, recuerdo otra vez en que unos soldados entraron en casa armados con metralletas, tomaron posiciones en el jardín y revisaron nuestra casa. Apresaron a un padre carmelita, que era de una zona que estaba en conflicto, y lo llevaron a un campo en el que tenía que vivir en menos de 12 metros cuadrados con 17 personas. No comía y tampoco bebía. Tenía que hacer sus necesidades allí. Era un lugar del que se decía que no salía nadie. A algunos les cortaban en pedazos y después hacían sonar las metralletas, tras toda esta aberración les tiraban al río. Todos esperaban la muerte. En sus rezos, concretamente al recitar el Padre Nuestro, no decían ahora y en la hora de nuestra muerte porque sabían que esa era su hora, decían: ahora, en la hora de nuestra muerte. Pero al final todo salió más o menos bien y consiguieron sacar de allí con vida a nuestro compañero después de ocho días de calvario.
¿Ha experimentado el miedo en primera persona?
He tenido una pistola en la sien. Íbamos en un coche un compañero y yo. Yo no conducía. Querían robarnos el coche y abrieron mi puerta y me apuntaron con una pistola. El conductor dio marcha atrás para intentar que no nos quitasen el coche. Yo tenía la pistola apuntándome y se oían gritos que decían: ¡dispara, dispara! Al final nos robaron el automóvil, pero lo recuperamos tiempo después.
¿Con qué se queda de todo lo vivido?
Con la gente. Hemos ayudado a muchas personas. Además, África es algo muy especial, estoy muy contento de haber estado allí, por eso quiero volver.
Ahora está afincado en Alba de Tormes pero sigue muy vinculado con El Congo ¿a qué se dedica?
Cuando vine en 1999 empecé un programa de becas bajo el nombre “Los niños pobres del Congo también quieren estudiar”. Comencé este proyecto porque pienso que el futuro de un país está en la formación de sus gentes. Después estuve tres años en Vigo donde fundé un grupo de amigos de El Congo. Allí conseguí 40 becas. También he vivido durante tres años en Medina del Campo y allí logré otras 30 ó 40 becas. La gente manda la foto del niño y yo les asigno un bienhechor. Ahora, gracias a Dios, ya tenemos unas 200 becas que están ayudando mucho en un lugar tan necesitado.
Además, creo que ha fundado un museo en Alba de Tormes.
Sí, hay un museo en Los Carmelitas. Teníamos muchos objetos, traídos de tierras africanas, almacenados en armarios. Me pareció que era una pena. Hay cosas preciosas y pensé que sería bueno que la gente disfrutara de ellas, así surgió la idea del museo.
¿Qué podemos encontrar en esta exposición?
Está formado por dos partes. La primera está compuesta por objetos. Hay una figura de Eva y Adán en marfil antiguo preciosa. Ambos son la misma pieza y tiene un gran valor. También hay cuadros hechos con alas de mariposa que son muy trabajosos a la hora de la realización. Otro objeto de valor incalculable es un ajedrez de marfil. En este juego los caballos son antílopes y las torres son chozas. Es muy curioso.
¿Y la otra parte?
Son fotografías. Quizás es la zona que más gusta a la gente y a mí también. Cada una lleva un comentario o un pensamiento. Impresiona ver las expresiones de los niños, son preciosos. Ahora, he solicitado ayuda a Caja Duero porque me parece interesante la idea de hacer un catálogo.

   





 
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