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Aparecido en:  El Adelanto
 
Fecha de Publicación: 03/06/2007

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LO QUE NADIE SABE DEL GRAN DUQUE
Pocos conocen que los restos mortales de Fernando Álvarez de Toledo reposan en el convento de San Esteban, en la capital salmantina

   
 

Mucho se ha hablado en el último año sobre la figura del Gran Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, y más teniendo en cuenta que este año se conmemora el V centenario de su nacimiento a través de un importante programa de actos desarrollados casi únicamente entre la Casa de Alba y el Ayuntamiento de Alba de Tormes. El sobrenombre del Gran Duque o El Grande le vino dado por sus gloriosos hechos durante los reinados de Carlos V y Felipe II, ya que participó en casi todas las guerras de la época, pero lo que pocos conocen de este personaje histórico fue lo que ocurrió tras su muerte que también ha dado para ríos de tinta.
A pesar de que Fernando Álvarez de Toledo falleció en el año 1582, cuando El Adelanto no era siquiera un proyecto, este periódico sí ah sido testigo de un hacho crucial en la historio más cercana de esta casa ducal, el enterramiento de los restos mortales del III duque en un remozado mausoleo ubicado en la iglesia de San Esteban y, más concretamente, en la capilla de los mártires del citado templo un 25 de marzo de 1983.
El Adelanto, como un claro referente de actualidad de la capital charra y su provincia, ya había anunciado días atrás la terminación del sepulcro que había sido financiado por la Diputación de Salamanca con ocho millones de pesetas de las de antes, gracias a un convenio firmado con la Casa de Alba por el que La Salina podría microfilmar documentos de esta familia aristocrática que puede presumir de ser los españoles con más títulos nobiliarios.
El sepulcro, compuesto de piezas de mármol de Alicante y piedra de Villamayor, fue encargado a uno de los arquitectos madrileños más prometedores de entonces, Chueca Gotilla. El estilo, según relataba El Adelanto a sus lectores, “es recordatorio de algunos mausoleos de El escorial y cuyos mármoles jaspeados en gamas oscuras contribuyen al realce fantasmagórico de una desintonía de espacios. Ya lo verán ustedes”:
El reenterramiento del Gran Duque recordó en gran medida al que se realizó el 13 de noviembre de 1619, cuando los restos mortales de Fernando Álvarez de Toledo fueron traídos desde ele convento de San Jerónimo, en Alba de Tormes, para que descansasen en San Esteban como siempre había sido su deseo.
Al menos así lo relata el dominico Antonio Osuna Fernández, que se ha dedicado durante el último año a reescribir los hechos ocurridos en torno al primero de estos acontecimientos buceando entre los escritos dejados por los religiosos que vivieron en primera mano esta parte de la historia que liga al noble con al capital salmantina.
Pero la historio más cercana cuenta, siempre a través de las páginas de El Adelanto, que el día del estreno del nuevo mausoleo del Gran Duque llegaron a la explanada de la iglesia de San Esteban las tropas del Regimiento Santiago número 1, así como las autoridades locales y provinciales de la época, y los duques de Alba, acompañados de sus cuatro hijos, que suscitaron el interés del público presente y “pusieron en algunos aprietos alas fuerzas del orden público, que cuidaban se guardara el espacio necesario para celebrar el acto”
Más tarde llegó una escuadra de legionarios del Tercio Duque de Alba, de Ceuta, que sacó el féretro del panteón de los teólogos del convento de San Esteban para introducirlo en le templo.
Una vez concluida la ceremonia, la acción se trasladó hasta la capilla de los Mártires, situada en uno de los laterales del altar y de acceso a través de una puerta donde, en un acto más íntimo, se depositaron los restos del duque.
La duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, que ya entonces era carne de cañón para la prensa en todas sus variantes, no hizo demasiadas declaraciones ante los medios de comunicación, aunque sí aprovechó el altavoz de El Adelanto para dar las gracias a la Diputación de Salamanca y manifestar que este acto le había resultado “muy emocionante, pues se trata de un antepasado al que admiramos mucho”. De hecho, es consabido que la familia visita a menudo el mausoleo.
Deseo.
El Porqué del enterramiento del Gran Duque en Salamanca se debe a un deseo expreso del noble antes de morir que no pudo llevar a cabo por diversas cuestiones. El dominico Antonio Osuna cuenta que el quito duque, es decir, el nieto de Fernando Álvarez de Toledo, se casó con una mujer cuyo último deseo era que su herencia sirviese para enterrarla en el convento de San Esteban y, junto a ella, al Gran Duque. Los escritos del religioso cuentan que “la inusitada comitiva inició su camino por la ribera y, rodeando la villa de Alba cruzaron el puente hacia Salamanca (…) A las cinco y media de la tarde cruzaron el Puente Romano y subieron la rampa hasta alcanzar la Puerta del Río. Allí fueron recibidos por las autoridades de la ciudad presididas por su corregidor (…) Se convino que la comitiva había de entrar por la Puerta de Zamora, pues por allí pasaban los reyes en sus visitas a la ciudad”
Pero esto forma parte de otra historia que Antonio Osuna recoge en sus escritos bajo el nombre de Viaje hacia su reposo final y sepelio en la ciudad de Salamanca, que seguro darán pie a otra serie de narraciones sobre la vida y muerte del Gran Duque y su relación con Salamanca y la provincia.

EL TERCER DUQUE DE ALBA YA REPOSA EN EL MAUSOLEO
Los restos mortales de Fernando Álvarez de Toledo ya reposan en el mausoleo de la capilla de los mártires de la iglesia de San Esteban, concretamente en el mausoleo encargado por la Diputación al arquitecto Chueca Gotilla. Los duques de Alba y su familia, las autoridades locales y provinciales, el capitán general d la VII Región Militar tropas del Regimiento Santiago número 1 estuvieron presente. El prior de San Esteban afirmó que esta era el cuerp9o de un hermano que continua siendo objeto del cuidado de la Santa Madre Iglesia y la duquesa de Alba dijo estar emocionada, ya que “se trata de un antepasado al que admiramos mucho”

   





 
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