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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 30/04/2007

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TOROS
Ponce, catedrático del toreo

   
 

ENRIQUE PONCE. Bordó el toreo frente al cuarto de la tarde al que cuajó una intensa y bellísima faena
JOSÉ TOMÁS. Asistió a la corrida, acompañado de su apoderado, desde un tendido alto y aplaudió a Ponce

Enrique Ponce protagonizó una faena para el recuerdo. De bellos contrastes desde los lances de recibo hasta la estocada final. Fue una faena presidida el gusto y la torería. Soberbia en su concepción artística, maravillosa en la estética innata en este torero.
Fue un trasteo redondo, de los que ponen a todos de acuerdo, de los que no siembran dudas y hasta los más recalcitrantes acaban cediendo. Ya de salida lanceó con mucho gusto a la verónica, encelando al toro con mucho capote por delante para traerlo embebido. Ahí, Ponce ya vio las “bondades” del toro y lo cuidó. Brindó a José Calles Calderón, un vitigudinense que es fiel seguidor suyo y enseguida comenzó su concierto basado en las más bellas sinfonías cuyas notas fueron una caricia para el oído de Santa Teresa. Porque además hubo mucha variedad, como derechazos largos y mandones, muy templados y despaciosos. Casi, al ralentí.
Después, al natural fue un delirio, como cuando llegaron los adornos que fueron el prólogo de cuatro “cartuchos de pescao”, antes de coger otra vez la mano derecha. Ponce se hartó a torear y estuvo a gusto delante de aquel toro que fue un torrente de nobleza. Además mató bien, en una estocada en lo alto, en los “rubios” que decían los antiguos, y para él fue el premio grande y otra vez más, la plaza Ducal fue escenario de una memorable faena.
Después, mientras daba el paseo al anillo, la gente toreaba de salón y recogía los gabanes para imitar el “cartucho de pescao” (por cierto en una fecha especial, pues el viejo Pepe Luis Vázquez la inventó en un día como ayer en corrida de Mihura que ponía fin a la Feria de Sevilla).
Con la gente paladeando su faetón, al llegar a la altura del “3”, donde en un alto seguía la corrida José Tomás, junto a Salvador Boix y dos bellas señoritas, el de Galapagar (que nunca exterioriza sus sentimientos, ni para bien ni para mal) se levantó para aplaudir a Ponce, que precisamente no es que fueran íntimos. Fue el detalle de la tarde y desde luego el que mejor juzga por sí solo un faetón que recordó la del toro “Ladrillero”, del Capea, al que le cortó un rabo en La Glorieta.
Hasta ese momento, la tarde no estaba definida. Se iba entre dos aguas, pero después ya cambió el significado, aunque desde luego que Poce trazó las fronteras de su toreo, que son inmensas y marcó las diferencias.
También gustó Morenito en su primero, al que lanceó con gusto y donde después tuvo momentos de calidad en el toreo fundamental, sobre todo sobre la derecha, donde hubo dos series de muletazos largas y enjundiosas, donde otra vez la pincelada fueron sus remates, todos ellos con gusto y pinturería. A ese toro le cortó una oreja, que no fueron más porque el acero cayó muy bajo. Luego, en segundo apenas tuvo opción y ya con la tarde caída y la apoteosis de Ponce acabó con él, pero dejó muy buenas sensaciones.
Menos importante, por no decir nada fue la labor de Javier Conde. En su primero no quiso verlo, pues tras unas botaduras comenzó a arrugar el hocico y se perfiló para matar entre la bronca general (aunque luego lo ovacionaron “¡jodete y desenreda esa madeja!”. Y en su segundo se dedicó a hacer regates y pases de baile, más propios de otro lugar que de un coso taurino.
En fin, que lo memorable y grande fue lo de Ponce, donde las notas de su concierto fueron una caricia para el oído de Santa Teresa.
FICHA DEL FESTEJO
Ganadería: Se lidiaron toros de Paulo Caetano, en conjunto muy desiguales de presentación, en general muy justos de presencia y con las fuerzas muy limitadas. El mejor presentado el segundo. Destacó el lidiado en cuarto lugar, de mucha calidad, que fue premiado con la vuelta al ruedo.
Enrique Ponce (azul marino y oro): Estocada caída y un descabello (una oreja). En el cuarto, estocada hasta la bola (dos orejas y rabo tras aviso).
Javier Conde (tabaco y oro): Estocada habilidosa (división al saludar). Al quinto, casi entera que hace guardia, pinchazo y casi entera (ovación con saludos).
Morenito de Aranda (lila y plata con remates negros): Bajonazo (una oreja). En el sexto, estocada que hace guardia y estocada (ovación saludos).
Ambiente: La plaza registró menos de tres cuartos de entrada en tarde agradable.

   





 
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