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Aparecido en:  El Adelanto
 
Fecha de Publicación: 28/11/2006

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La plaza de Alba se ve tuerta.

   
 

Sigue sin “verlo claro”, la verdad es que ya llevaba tiempo con ganas de comentar lo que a mi juicio es una seria irregularidad, pero por pitos o por flautas se ha ido pasando el tiempo y ahora con motivo de los festejos celebrados en las fiestas de Santa Teresa, me entran ganas de volver sobre este asunto, que como antes digo no es que se a como para mesarse los cabellos pero tampoco me parece baladí.
Me refiero a los graves defectos de visibilidad que ofrece desde su inauguración, fecha en la que los comentarios estuvieron impregnados o la indignación, no ha dejado de suscitar comentarios más o menos “ostensorios”, sin que por parte de quien corresponda se haya dico ni pío, esperando que el tiempo que todo lo borra deje en el cajón del olvido lo que en mi opinión tenia que haberse solucionado cuanto antes.
He preguntado ¿qué problema hay? A fuentes de absoluta credibilidad, si se había hecho algo, respondiéndome todos que no. Así que sigo pensando que una monería de plaza como es la de Alba, merece abrir sus puertas frecuentemente durante el año, y no sólo para festejos taurinos, como es natural. Mientras hay tiempo (y lo hay), seguiré esperando al menos una explicación (si es que es posible explicar la anomalía), y como yo, me imagino, muchas personas mas, entre ellas los albenses de cuyos bolsillos, supongo, han salido los dineros necesarios para pagar el proyecto, dentro del cual aparece como es lógico el trabajo de un arquitecto que, a la vista está, olvidó que una plaza de toros, como cualquier otro recinto destinado a celebrar espectáculos, de be ofrecer absoluta garantía de visibilidad, se acomode uno donde se acomode. Pero; resultado, la gente salía entre el asombro y la indignación, porque habían tenido que presenciar la corrida inaugural de pie, o bien habían tenido que hacer filigranas para no aprenderse de memoria los cogotes vecinos.
Yo por mi parte, que fui invitado por el ayuntamiento, para asistir ala acontecimiento, aseguro que mi estupefacción fue más que mediana cuando comprobé, que desde mi localidad, inmediatamente detrás de la que ocupaba la banda de música, me enteré del inicio del paseíllo cuando los matadores pisaron la boca de riego, ni vi abrir las puertas, ni la primera pisada en la arena, si nada en absoluto de cuanto supongo tenía derecho a ver, aunque alguno asegure, que a caballo regalado no hay que mirarle el diente. Por supuesto de la salida de los toros no me enteré hasta que estos llegaron al burladero del primer capotazo. Creo yo que no tiene gracia que se de este defecto, creo que tiene mucha menos gracia, que nadie que yo sepa se haya tomado la molestia de decir algo (sea lo que sea), ni como disculpa, porque ya digo que justificación se me antoja imposible; a estas hora debería haberse hecho algo en este sentido. Informado que los proyectistas del “invento”, están desde hace meses escribiendo siete millones de veces “las plazas de toros están para verlo todo”

   





 
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