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Aparecido en:  El Adelanto
 
Fecha de Publicación: 22/10/2006

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TOROS
Valverde sale por la puerta grande tras una completa tarde en Alba

   
 

FICHA DEL FESTEJO
ALBA DE TORMES
Sábado, 21 de octubre
Segundo festejo de la miniferia en honor de la patrona de la villa ducal
3 TOROS CON LA DIVISA DE VELLOSINO Y OTROS TANTO DEL HIERRO DE MARÍA LUISA PANIAGUA (segundo, tercero y cuarto), desiguales de presentación, romos de pitones y con calidad, aunque venidos a menos y con poca fuerza en líneas generales. De mejores hechuras los de Paniagua y más bastos los de Vellosino.
MORANTE DE LA PUEBLA: Silencio en el primero de su lote y una oreja.
JAVIER VALVERDE: ovación y dos orejas con salida final en hombros por la puerta grande.
EDUARDO GALLO: Una oreja y ovación de despedida tras fallar con la espada en varias ocasiones.

Llegó Morante a Alba de Tormes para cerrar su temporada y el año taurino en Salamanca y la expectación se desbordó, en un cartel muy rematado al completarse con dos toreros salmantinos en un gran momento que también ponían con el festejo de ayer punto y final a sus respectivas campañas. Al final no se desbordó la apoteosis como se esperaba, fundamentalmente por culpa del ganado tanto de la ganadería titular de María Luisa Paniagua como de los remiendos de Vellosino que pese a sacar calidad les faltó fondo y aunque los tres diestros se emplearon en distinta medida el factor toro dejó que desear.
Morante tuvo una tarde de detalles, con grandes momentos tanto con el capote como con la muleta pero aislados y sin continuidad. Su primero perteneció al hierro de Vellosino y tuvo tanta calidad como falta de transmisión y fuerza. Tras un buen quite por chicuelitas y una gran media con la muleta se puso a torear rápidamente para aprovechar las pocas arrancadas con ímpetu que tendría el toro y logró dos tantas inmensas con la derecha, pero la faena fue a menos a partir de coger la mano izquierda perdiéndose entre enganchones, falta de estructura y sin terminar de pisar el acelerador. Mal con el descabello su labor fue silenciada.
Con el segundo de su lote del hierro de Paniagua hizo un esfuerzo mayor. Lo recibió con animosas verónicas y después le recetó un suave quite por delantales. El toro resultó deslucido y sin clase, embistiendo violento y defendiéndose a cabezazos antes de rajarse. Se acopló mejor por el lado izquierdo, consiguiendo naturales largos y entregados aunque de uno en uno, algunos desmayados y siempre intentando enganchar al toro por delante. Pero lo que prevaleció en el trasteo fueron los detalles de adorno y la forma tan peculiar de este diestro de andar por la cara a los toros. Ahora la espada viajó más certera aunque sólo se enterró media y le fue concedida una oreja.
Javier Valverde tuvo una actuación muy completa que hubiera sido premiada con cuatro orejas si hubiese estado más acertado con la espada. Muy dispuesto y con ganas de agradar toda la tarde, ya en el recibo a sus dos toros mostró sus intenciones y además a ambos los cuidó en varas. Puso variedad en el capote con un galleo por chicuelitas y un quite por tafalleras y caleserinas en su primer enemigo en el que cayó en la cara del toro al tropezar sin consecuencias.
Un primero noble
Su primero fue noble y de mayor calidad por el izquierdo, pero le faltó chispa. Le cuajó sobre ambas manos en series ligadas y con temple para rematar la faena con roblesinas y bernardinas antes de darse un arrimón en el que se dejó llegar los romos cuernos hasta el mismo bordado del vestido. Sin embargo estuvo mal con la espada y perdió los trofeos.
Salió más arreado si cabe en el quinto y de nuevo consiguió muletazos bien hilvanados y de buen trazo sobre ambas manos ante el animal de mejor juego del festejo con el hierro de Vellosino. Volvió a volcarse al entrar a matar y esta vez, la espada entró a la primera, fue espectacularmente eficaz y le abrió la puerta grande.
Las ganas de Eduardo Gallo se estrellaron ante un lote pésimo porque ninguno de sus toros cada uno de un hierro al igual que sus compañeros ofreció posibilidades de lucimiento al rajarse descaradamente y huir a tablas y le obligaron a hacer un gran esfuerzo. Además fueron los dos animales peor presentados de la corrida, uno por indigno de pitones y otro por feo. El tercero parecía un eral gordo, gacho y cornicorto muy protestado de salida y que se movió con genio hasta que terminó huyendo de la pelea.
Gallo le plantó cara desde el principio y las tres primeras tandas con la derecha tuvieron emotividad, pero al cambiar al pitón izquierdo el toro fue a menos y el trasteo perdió intensidad. A punto estuvo de ser cogido tras un traspiés y se enfadó de verdad transmitiendo mucho al público que tras una estocada de rápido efecto le concedió una oreja.
Con el último de la tarde, basto y escurrido de atrás no tuvo opción porque no quiso ninguna pelea ante la muleta, huyendo continuamente hacia tablas. Muy cerrado en ellas y a base de exponer consiguió sacarle muletazos, lo que no fue poco dada su renuencia a embestir. Media estocada y varios pinchazos le cerraron la puerta grande, pues hubiera cortado otra oreja más.

   





 
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