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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 30/10/2006

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FINAL DE ESCUELAS TAURINAS
Un brindis a la ganadera

   
 

Reses. Magnífico encierro de la divisa de María Luisa Paniagua, de mucha calidad
FICHA
Ganadería: Se lidiaron erales de María Luisa Paniagua, bien presentados y de magnífico juego. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo, premio que también se pidió para el primero y el quinto. Los cinco restantes fueron ovacionados en el arrastre.
Iván Ponce (de Salamanca): Pinchazo, estocada y deis descabellos (oreja tras aviso).
Juan José Arévalo (de Valencia): Estocada habilidosa (dos orejas).
Raúl Sáenz (de Cartagena): Tres pinchazos y bajozazo (oreja tras aviso).
María Barceló (de Arles): Sablazo (ovación con saludos).
Patrick Villebrun (de Nimes): Pinchazo y estocada caída (una oreja).
Sergio Blasco (de Toledo): Pinchazo y estocada (dos orejas).
Ambiente: La plaza casi se llenó en tarde veraniega.

Aunque en la estadística figura que los actuantes cortaron un montón de orejas y teóricamente debían ser los triunfadores de la tarde. Lo mejor del festejo fue el magnífico juego de los erales de María Luisa Paniagua. Fue una novillada con muy buena condición, con alegres y prontas embestidas, todas con mucho fondo de nobleza.
Salió el primer novillo y el personal se maravilló por aquel torrente de incansables embestidas. Luego, el segundo, lo mismo; el tercero igual, aunque éste ya fue premiado con la vuelta; el cuarto, no dejó el listón a la misma altura, pues fue mirón y se revolvía enseguida; mientras que el quinto recuperó el buen nombre gracias a su mucha calidad y el sexto fue el más completo del encierro, pues tuvo una presencia ideal para el tipo de festejo, junto a sus buenas condiciones.
Con esas mimbres, a estas horas, lo normal hubiera sido que la gente hubiera salido de la plaza toreando de salón. Fueron los erales ideales con los que los toreros sueñan todas las noches; Sin embargo, pues qué quieren que les diga…
A un muchacho que empieza no se le puede medir como a un figura. Hay que levantar la mano y ser más flexibles. Pero el problema es que da la sensación que no quieren ser toreros. Ni tienen suficiente personalidad.
No quieren ser toreros porque se les ve faltos de ambición, de comerse el mundo y de querer destacar. Y la personalidad les falta, casi siempre, porque en vez de desarrollar el toreo como lo sienten, no buscan más que la copia de uno de sus ídolos (¡benditos mis discípulos, pues de ellos serán mis errores!). Por ejemplo, Raúl Sáenz, que es de Cartagena, debe haber visto todos los vídeos de Ponce; mientras que el francés Patrick Villebrun, sueña con su paisano Castella y con José Tomás. Luego, los demás se buscaron la vida como pudieron, pero con el tremendo fallo en común de alargar las faenas una barbaridad, dándoles avisos toreando, tal vez imitando los interminables trasteos de Ponce, cuando en el toreo, un aviso es sinónimo de fracaso. Y si no que le pregunten a los antiguos.
Y también los quites, pues ahora todos son por gaoneras. Parece que la gaonera es la madre de todos los quites, la madre y reflejo de lo que debe ser un quite. Nadie hace un quite con tres lances y una media, por ejemplo. Nada, todos a la gaonera y de ahí que nadie los cambie.
Con esa carta de presentación decir que el salmantino Iván Ponce fue de más a menos, pues el “Caramelo” que le tocó en suerte llevó a gala su nombre. Empezó con buen aire y cierto gusto, sobre todo, en sus series sobre la derecha, pero al final no lo vio claro y entre sustos acabó con su novillo.
Alguien debe decirle al valenciano Arévalo que deje de hacer el ridículo con las banderillas, pues se cayó dos veces, clavó en el cuello. Sobre todo porque luego, con la pañosa anduvo suelto, un poco acelerado quizás, pero con mucho oficio y capacidad de sobreponerse a la adversidad.
El cartagenero Raúl Sáenz quiere ser Ponce, pero las copias son malas y encima se vio desbordado por un gran novillo. De la novillera María Barceló mejor no hablar, aunque le tocó el peor novillo y tuvo suerte de que aunque fuera de un sablazo acabó pronto con él.
Digno, a pesar de no tener personalidad propia, se mostró el francés Patrick Villebrun, mientras que Blasco, que puso fin a la tarde, es uno más. Y “uno” hay muchos. Muchísimos.
En definitiva, una magnífica novillada, de mucho juego y calidad que estuvo muy por encima de los toreros.

   





 
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